Sócrates decía: “La alegría del alma forma
los bellos días de la vida”. La alegría es definida como un grato y vivo
movimiento del ánimo motivado por algo
halagüeño, y a veces sin causa
determinada, que se manifiesta generalmente con signos exteriores..
Havelock Ellis afirma que la risa es como un ejercicio religioso, puesto que
conduce a una expansión del alma.
Aristóteles describía a la risa como “un
ejercicio corporal valioso para la salud”. La medicina psicosomática se ha
cansado de probar que nuestro estómago, hígado, corazón y todos los órganos
funcionan mejor cuando nos sentimos felices. La risa o alegría aumenta nuestra
resistencia física y actúa como un
inhibidor natural del dolor.
La risa interrumpe la actividad mental:
divierte o más bien relaja la atención, impidiendo a la mente entretenerse
en cuestiones perniciosas. La risa
también levanta el espíritu cansado.
Thackerai afirma: “la risa es bueno para los
negocios. Puede reducir las tensiones, da vida a las presentaciones y estimula la creatividad. En un ambiente de
negocios, cuando a las personas se les permite reír, aunque sea quince
segundos, obtienen más oxígeno para el cerebro, lo que les hace pensar más
claramente”.
La risa y el buen humor rejuvenecen, la
sonrisa hace que el rostro se vea más bello.
Marcel Archard dijo: “mucha gente cree que para triunfar
basta con levantarse temprano. NO; es necesario también levantarse de buen
humor”
La felicidad humana no es producto de los
grandes acontecimientos de la vida, sino de las pequeñas vivencias cotidianas”,
escribió Benjamín Franklin en su
autobiografía. Numerosos estudios han
demostrado que la gente que necesita de otra gente es en realidad la más feliz,
y es también la que menos probabilidades tiene de sufrir depresión.
Hace más de cien
años, el neurólogo francés Guilliane Duchenne de Boulogne comenzó a estudiar
qué es lo que se escondía detrás de una
sonrisa. Hoy se sabe que puede resultar
contagiosa y mejorar más un buen estado de ánimo. Por ello, los investigadores
sobre el humor recomiendan este sencillo ejercicio cuando se pasen momentos
difíciles: mirarse al espejo y sonreír. Esta expresión facial genera la emoción
correspondiente, de forma que si vemos el reflejo de una sonrisa, comenzaremos
a sentirnos mejor.
El buen humor mientras dura, favorece la
capacidad de pensar con flexibilidad y con mayor complejidad, haciendo que
resulte más fácil encontrar soluciones a los problemas ya sean intelectuales o
interpersonales.
La risa parece ayudar a las personas a pensar
con mayor amplitud y asociar más libremente. Los beneficios intelectuales de
una buena carcajada son más sorprendentes cuando se trata de resolver un
problema que requiere una solución creativa.
En un estudio en la Universidad de Chicago
encontraron que las personas optimistas consideraban los cambios como un
desafío y no como una catástrofe, se mostraban atentos con el resto de las
personas, y sentían que controlaban sus vidas.
Los niños aprenden con mayor facilidad y
eficacia en un ambiente agradable. El neurólogo William Fry subraya el efecto
estimulante de la risa en la circulación sanguínea, en la respiración y, sobre
todo, en la oxigenación de nuestro cuerpo. Una simple sonrisa es capaz de provocar una secreción mayor de endorfinas,
encargadas de producirnos bienestar.
El psiconeurólogo Arthur Stone, encontró en
la mucosa nasal de las personas más sonrientes una mayor cantidad de
inmunoglobulina “A”, una sustancia que refuerza las defensas del organismo.
El Dr. César Días Cabrera afirma que en
estados de satisfacción, el timo fabrica más timina, uno de los componentes que
contienen los fármacos antidepresivos y que además nos hace resistentes contra
las enfermedades.
Investigadores de la Universidad de Texas
afirman que sentirse feliz y lleno de esperanzas parece ser una poderosa medicina para reducir el riesgo
de derrame cerebral.
El Cardiólogo Glenn Ostir subraya que los individuos con altos grados
de emociones positivas son más propensos a hacer ejercicios, mantener un estilo
de vida saludable y ceñirse a los tratamientos médicos.
El Dr. Sang Lee de Corea, afirmó: “la mente y
el cuerpo son un todo. Cuando existe una situación alegre y esperanzada, la
química cerebral se altera, liberando un tipo especial de hormona llamada endorfina,
que fortalece el sistema inmunológico, pudiendo inclusive, eliminar células
cancerosas. El oftalmólogo William Bates comprobó que el sentido de la vista
mejora cuando el individuo está pensando en cosas agradables o viendo escenas
que le complacen.
El filósofo inglés Herbert Spencer caracterizó la risa como una “descarga de la
excitación nerviosa excesiva”, confirmándose luego que la risa implica una
liberación de la tensión o de energía excesiva
y esto se debe a que los músculos han quedado flácidos.
Aproximadamente un niño se ríe 400 veces al
día, mientras que un adulto sólo lo hace 15 a 16 veces.
John Morreall explica que después de que uno se ríe, entra en un
estado de relajación, la presión arterial y los latidos del corazón descienden,
así que nos sentimos profundamente relajados”.
Los doctores Lee Berk y Stanley Tan dicen que
la risa agudiza las habilidades de la mayoría de los instrumentos de nuestro
sistema de inmunidad. Activa los linfocitos T y las células de ataque, las que
ayudan a destruir los microorganismos invasores. La risa aumenta también la
producción de nuevas células de inmunidad y reduce los niveles de cortisol, la
hormona del estrés, que puede debilitar la respuesta del sistema de inmunidad.
Por último, el humor nos ayuda a luchar con
lo impensable: nuestra calidad de mortales.
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